Como piezas del engranaje de esta maquinaria, se encuentran los periodistas: profesión verdaderamente moderna por excelencia, actividad cuyo único requisito fundamental para ser ejercida, es la ausencia absoluta de capacidad crítica sobre la estructura que da sentido a dicho trabajo.
Un moderno periodista será un tipo con alguna que otra habilidad como escritor, más o menos locuaz, más o menos cretino, más o menos inconsciente de su papel de condicionado observador a sueldo, pero siempre será alguien con la certeza arrogante en que está "reportando" lo cierto: "Yo lo ví", "yo fuí testigo", "yo tengo fuentes de confianza", "yo lo grabé"... Siempre inconscientes que su misma actividad da “existencia” a los hechos. Los periodistas van contando al hombrecito común la historia pseudomitológica que explica -con la mayor torpeza posible- lo que “sucede” en el mundo.
Y lo que “sucede” en este fragmentadísimo mundo, no es sino una serie de datos estructurados en diferentes categorías de programación mental, las "secciones" noticiosas: "internacional," "nacional," "economía", "deportes," "sociedad," y demás. Se comprobará que estas categorías expresan explícitamente, la taxonomía del sucedáneo gnoseológico de la modernidad: "La Información".
Así es como se enseña su situación de esclavo al "nuevo hombre". Lo peor es que este, se cree el cuento sin rechistar y agradece la “información” suscribiéndose, compartiendo, dando like… consumiendo pasivamente.
Todo lo que el hombre moderno piensa, necesita, opina, rechaza, sigue, admira, detesta, sufre, goza, anhela, desea y compra, ... se impone como contenido subconsciente y colectivo a través de los medios audiovisuales (TV, cine, Netflix, Redes sociales, etc) y fuera de esa estructura, no hay nada más allá que esa limitada percepción de lo concreto del día a día de la sociedad moderna: las horas de comida, las labores, el transporte de un lugar a otro, amigos, contactos, actividades de ocio y demás. La plataforma mediática se convierte así, para el "nuevo hombre", no solo en una "ventana al mundo", sino en la "única" ventana al mundo. Esa única ventana permanece ferozmente cerrada con un poderosísimo candado. Pero la limitada utilidad de esa "abertura" hacia "el mundo", no revela fácilmente lo sucios que están los cristales, a través de los cuales se ve esa básica y distorsionada porción del mundo, que se confunde con un mundo entero.
La manipulación mental siempre se apoya en una clasificación tipológica de la estructura emocional humana, a través de la cual el sujeto manipulado encuentra una identidad. En el caso de la "información", esta ilusión tendrá como principio invertido, una unidad cuantitativa y mensurable. En la "era de la información", la mercancía informática (y su comercio) se registra a través de una unidad de medida: El dato.
