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lunes, 20 de abril de 2026

SIMONE WEIL, La Filósofa de la Gracia

 

Llevo leyendo a Simone Weil todo este año. Fue un descenso que comenzó por una vía inusual: mi obsesión reciente con Lux, el último trabajo de Rosalía. Llevo meses desmenuzando ese disco. Había en esa obra un vaciamiento, una renuncia estética que me empujó finalmente a buscar los textos de la filósofa francesa. Quería estudiarla a profundidad desde hace tiempo y Lux fue el detonante para no procrastinarlo más. Fui a sus páginas esperando encontrar una teoría teológica o un concepto de atención aplicable a la escucha. 

Uso la palabra descenso porque la obra de Weil es una inversión de la tradición espiritual. La filosofía y la religión occidentales suelen estructurarse como narrativas de ascenso: el intelecto que se eleva hacia las ideas puras, el alma que escala hacia la luz, el individuo que trasciende su condición. Weil destruye esa verticalidad. Su instinto hacia la renuncia no fue una epifanía adulta, sino una inercia temprana. Creció bajo la sombra aplastante de su hermano André, un genio matemático que leía a Platón en la infancia, y su respuesta frente a esa grandeza intelectual fue el repliegue moral y el autosacrificio. Durante la Primera Guerra Mundial, siendo apenas una niña, dejó de consumir azúcar en solidaridad con los soldados en el frente. Someterse a la inercia mecánica de la fábrica y vaciarse de todo privilegio no fue una etapa biográfica accidental, fue su método estricto de conocimiento.

domingo, 8 de marzo de 2026

Grandes Compositoras III Parte



Hildegarda Von Bingen (1098 – 1179) - Su canto es un eco de la eternidad, un puente sonoro entre el Edén la tierra, los cristales, la medicina, el naturalismo, la filosofía y la mística. En sus notas reside la Symphonia de la creación, donde la luz se convierte en melodía. 

Fanny Mendelssohn (1805 – 1847) - La intimidad de un salón se expande al universo en sus Lieder ohne Worte. Su piano nos confiesa que el verdadero arte nace en el silencio del alma, lejos de los aplausos mundanos. 

Clara Schumann (1819 – 1896) - Su música es la voz de una pasión indomable, donde el virtuosismo se doblega ante la ternura del alma. Ella nos demuestra que la fuerza del espíritu reside en la honestidad de la expresión.

Teresa Carreño (1853 – 1917) - El ímpetu de la Gran Dama del piano se plasma en obras que combinan el fuego latino con la elegancia europea. Su arte es un huracán de notas que demuestra que el virtuosismo tiene patria y corazón. 

Ethel Smyth (1858 – 1944) - Su obra es un estandarte de lucha envuelto en majestuosidad orquestal. Cada acorde es la declaración de un espíritu libre que exige voz, probando que la ópera puede ser un grito de guerra. 

Amy Beach (1867 – 1944) - La sinfonía americana encuentra en ella su primera gran voz, forjada entre la tradición europea y la audacia de un nuevo mundo. Su trabajo es un monumento a la pasión y a la perseverancia en la grandeza. 

Rebecca Clarke (1886 – 1979) - La viola es la confidente de sus emociones más profundas, pintando paisajes de una melancolía velada y elegante. Su música es la duda entre lo que fue y lo que pudo ser, resonando en el claroscuro del siglo XX. 

viernes, 2 de enero de 2026

Candor in Artificio

Josephine Wall. Dreams Psyche, 2000

De poderosas obsesiones y de olvidos latentes,
tu espectro me devuelve fulgores sin tacto
juegos y promesas irisadas
que de sílabas fugaces y tenues miradas
urdieron la estampa de efímeras presencias,
mas de mí solo emanó la verdad sin doblez.

​Confidente del éter y audaces desvelos,
almas del leteo pugnan por cumplir su designio,
ante el numen prestado en arcanos volátiles
que exaltó pasiones de hondos anhelos y de oscuros secretos.

​Se disuelven en el céfiro, en el velo y la arena estéril,
los hilos del tiempo, y con ellos mi pulso y mi norte,
en la disonancia y el falso reflejo
de sombras y conjuros, se desvanecen uno a uno.

​Desgarrado y violado, en el crisol y la prueba he de ser,
rompiendo los velos y el molde
de trampas y mentiras que fueron prisión.
Escrutinios y visiones que revelan y forjan
una estirpe más fuerte, con sabia ambición.

​Aceptando el abismo, me alzo sobre la herida
de falsas auroras y el eco de escarnios disueltos,
me forjo en sabiduría y olvido el designio de aquel,
intacta mi pureza, que nadie ha de arrebatarme.

martes, 2 de diciembre de 2025

S I L E N C I O

Si de la música, su centro ardiente,
una nota asciende, viva y delgada,
hasta ser otra música en la frente,
del corazón del mudo, sin mirada,
brota otro silencio, torre y tormenta.

Sube y nos quita el aire, nos detiene,
mientras crece el vacío que nos tienta.
Ahí caen, al fin, lo que el dolor sostiene:
Nuestras pequeñas mentiras de hoy.
El gran engaño de la fe perdida.
La esperanza que jamás tuvo convoy.
El recuerdo que nos ata a la vida.

Y la voz queda en prisión de la garganta;
queremos ser clamor, y se desvanece.
Desembocamos al Silencio Último,
donde el alma canta y todo grito perece:

Ese silencio mayor, donde nadie puede
ni gritar, ni mentir, ni recordar,
solo ser en el fondo del mudo abismo,
donde el silencio enmudece y se sosiega;
y solo queda la paz que el no-ser profesa.


viernes, 28 de noviembre de 2025

DE AMOR Y DE DISCRECIÓN

Silvio, yo te aborrezco, y aún condeno
el que estés de esta suerte en mi sentido:
que infama al hierro el escorpión herido,
y a quien lo huella, mancha inmundo el cieno.
      Eres como el mortífero veneno
que daña a quien lo vierte inadvertido,
y en fin eres tan malo y fementido
que aún para aborrecido no eres bueno.
       Tu aspecto vil a mi memoria ofrezco,
aunque con susto me lo contradice,
por darme yo la pena que merezco:
       pues cuando considero lo que hice,
no sólo a ti, corrida, te aborrezco,
pero a mí por el tiempo que te quise.

Sor Juana Inés de la Cruz

sábado, 22 de noviembre de 2025

Grandes Compositores - II Parte

 

Saint-Saëns (1835-1921) – Saint-Saëns explora el misterio de la belleza, la elegancia y lo enigmático , su música sugiere mundos ocultos bajo la superficie, su arte es un espejo de lo que no comprendemos.

Bizet (1838-1875) – La pasión de “Carmen” arde como un sol andaluz, brillando aún en el ocaso. Su pasión es como el fuego de un atardecer: hermosa y mortal, consumiéndose en su propia intensidad.

Mussorgsky (1839-1881) – Sus obras son retratos vivos de la tierra rusa, de sus penas y grandeza. Su música capta el alma de Rusia, una tierra de verdaderos contrastes, entre la miseria y la gloria.

Tchaikovsky (1840-1893) – Su música es el dolor, la melancolía y la belleza unidos en una danza de cristales (ballets) como en un cuento de hadas que se rompen al tocar.

domingo, 9 de noviembre de 2025

INTERNET - HORROR CÓSMICO



Internet es un inmenso monstruo, al mejor estilo lovecraftiano, que creemos haber inventado, pero que en realidad descubrimos. Consume nuestra indignación y nuestra energía negativa; tal vez por eso, los posts más virales son los de personas indignadas quejándose u odiando, entre otras cosas. Es como un gran océano negro en el que solo vemos una porción de la información, y la vemos de manera fragmentada.

Hay millones de cosas flotando allí, que no sabemos quién las hizo o para qué. No solo hay mentirosos y peligrosos, sino también fantasmas. ¿Qué hay de la cantidad de perfiles de personas muertas en Facebook o en Instagram?

Si lo pensamos bien, es una criatura inconmensurable que, encima, habita en otro plano, paralelo al nuestro, en una dimensión adyacente. El ciberespacio está solapado con nuestro mundo y está habitado por versiones digitales de nosotros mismos, que siguen ahí cuando nos vamos a dormir: puras sombras digitales que quedan atrapadas.

sábado, 4 de octubre de 2025

Los dos Reyes y los dos Laberintos


Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan complejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: ¡Oh, rey del tiempo y sustancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso."
Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con Aquél que no muere.


(Incluido en El Aleph)

Jorge Luis Borges