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lunes, 6 de julio de 2026

EL SECRETO DE LAS HERMANAS BRONTË

Retrato de las hermanas Brontë (c. 1834). Pintado por Branwell Brontë 

Este año he vuelto a releerme Cumbres Borrascosas y todo sobre estas hermanas enigmáticas que me han inspirado. Y hoy quiero contarles que existe una historia que nos obliga a bajar la voz, una narrativa que habita en el umbral entre lo doméstico y lo salvaje. En la remota casa parroquial de Haworth, rodeada por un mar de hierba ondulante y gris, estás tres mujeres gestaron las novelas más poderosas de la lengua inglesa. Charlotte, Emily y Anne Brontë no escribieron por ambición de fama; escribieron desde una urgencia creativa casi biológica. En un entorno donde la muerte no era una posibilidad lejana sino una inquilina permanente, la literatura fue su única forma de existir y escapar contra todo pronóstico. Para entender su obra, no basta con leer sus libros; hay que descifrar la geografía del alma que las habitaba, una herencia de sombras que transformaron en una pólvora de pureza exquisita. Cuando Cumbres Borrascosas de Emily Brontë se publicó en 1847 bajo el seudónimo de Ellis Bell, la crítica victoriana no fue amable; fue visceral. Se habló de una "aberración", de "depravación vulgar" y de "horrores antinaturales". Un crítico de la época escribió:  "El lector se siente conmocionado, disgustado, casi asqueado por los detalles de crueldad, inhumanidad y del odio y la venganza más diabólicos; y de pronto aparecen pasajes que ofrecen un poderoso testimonio del poder supremo del amor incluso sobre demonios con forma humana".  ¿Cómo pudieron las hijas solteras de un clérigo rural parir semejante violencia y obsesión sin haber experimentado el romance en primera persona? La respuesta no está en la imaginación pura, sino en una realidad tan cruda que hace que la ficción parezca un juego de niños.  

Haworth no era el bucólico refugio de las postales victorianas. Era, estadísticamente, un germen. A mediados del siglo XIX, este rincón de Yorkshire poseía una de las tasas de mortalidad más altas de toda Inglaterra. No se debía a guerras ni hambrunas, sino a una ironía macabra de la ingeniería: el sistema de alcantarillado estaba diseñado de tal modo que los residuos, en lugar de bajar, "subían la cuesta".  Beber agua en Haworth era un acto de fe suicida, una dosis bendecida con microorganismos capaces de poner a cualquiera en cuarentena. Las hermanas crecieron con el cementerio pegado a su hogar; el reverendo Patrick Brontë lideraba una rectoría donde salías a tender la ropa y lo primero que veías eran lápidas por todas partes.  Esta familiaridad quirúrgica con el fin no les infundió miedo, sino una prisa febril. Escribían con la consciencia de que el tiempo corría continuamente en su contra y que la vida podía desvanecerse con el próximo brote de tuberculosis. El páramo no era solo paisaje, era el único lugar de libertad donde el aire no olía a cementerio. "Haworth era un lugar donde la humedad tenía más protagonismo que muchos vecinos, donde la niebla era una manta con voluntad propia y el viento del páramo entraba en la casa como queriendo arruinarte el día".

jueves, 18 de junio de 2026

ABELARDO DE LA ESPRIELLA: Guerra espiritual y exclusión como campaña política

El pasado 10 de mayo, en una entrevista concedida a Caracol Radio, el candidato de derecha a la presidencia de Colombia, Abelardo de la Espriella, se refirió a su proceso de conversión al cristianismo católico y también dio su opinión sobre el islam, al cual calificó de “un fundamentalismo, un radicalismo que le hace mucho daño a la democracia, a la sociedad, y a las libertades”.

Este discurso anti-islámico, presente desde hace varias décadas en la retórica de los movimientos, partidos y figuras de las derechas internacionales, apoyadas especialmente en sentimientos o adhesiones nacionalistas, supremacistas, conservadores y/o anti-migratorios, es una muestra pequeña pero significativa de los repertorios ideológicos que movilizan a figuras políticas como De la Espriella, no solo en Colombia, sino en América Latina y en el mundo.

Las palabras de Abelardo de la Espriella en la entrevista conducida por el periodista Gustavo Gómez Córdoba fueron las siguientes:

Abelardo: Yo soy católico, pero tengo una visión ecuménica de la religión. Respeto todo y me gusta… o sea, yo voy a un rito cristiano y me encanta. He hecho rezos con la comunidad judía, que me encanta también. 

Gustavo Gómez: ¿Cómo le va con el islam?

Abelardo: No, eso sí me parece una gran amenaza para la humanidad. Pues ya lo dijo Oriana Fallaci (...) a mediados de los 70: “la gran amenaza para Occidente es la expansión del islam”, y mira lo que está pasando en Europa. Y Oriana Fallaci lo dijo hace 50 años. Yo creo que el islam es, más que una religión, es un fundamentalismo, un radicalismo que le hace mucho daño a la democracia, a la sociedad, y a las libertades… nada que ver con el islam. No me interesa en lo absoluto, pero tengo una visión ecuménica de la religión. 

domingo, 3 de mayo de 2026

EL ESPEJISMO DE LA SALUD MENTAL


Vivimos inmersos en una modernidad que ha medicalizado el sufrimiento humano, reduciendo la asombrosa complejidad de nuestra existencia a meros desequilibrios químicos y etiquetas clínicas dictadas por la conveniencia de un sistema productivo. Hemos construido un mundo, al mejor estilo de una máquina implacable, donde el individuo es sometido a la inercia mecánica de la existencia. Hoy, ese dolor espiritual y las crisis existenciales se han encapsulado bajo el paraguas de la llamada "salud mental", un concepto que, a la luz de las investigaciones más críticas, resulta ser una construcción ilusoria y un laberinto diseñado para sostener el statu quo.

El Dr. José Luis Marín, en su reveladora obra La salud mental no existe, lanza una de las verdades más incómodas y silenciadas de nuestro siglo: el modelo sanitario actual está completamente obsoleto. Su premisa desmantela el teatro clínico con una crudeza empírica irrefutable. El modelo falla de raíz porque se centra en la etiqueta diagnóstica y borra a la persona; al buscar desesperadamente una causa biológica para validar la psiquiatría frente a otras ramas médicas, hemos terminado por psiquiatrizar la vida misma.

lunes, 20 de abril de 2026

SIMONE WEIL, La Filósofa de la Gracia

 

Llevo leyendo a Simone Weil todo este año. Fue un descenso que comenzó por una vía inusual: mi obsesión reciente con Lux, el último trabajo de Rosalía. Llevo meses desmenuzando ese disco. Había en esa obra un vaciamiento, una renuncia estética que me empujó finalmente a buscar los textos de la filósofa francesa. Quería estudiarla a profundidad desde hace tiempo y Lux fue el detonante para no procrastinarlo más. Fui a sus páginas esperando encontrar una teoría teológica o un concepto de atención aplicable a la escucha. 

Uso la palabra descenso porque la obra de Weil es una inversión de la tradición espiritual. La filosofía y la religión occidentales suelen estructurarse como narrativas de ascenso: el intelecto que se eleva hacia las ideas puras, el alma que escala hacia la luz, el individuo que trasciende su condición. Weil destruye esa verticalidad. Su instinto hacia la renuncia no fue una epifanía adulta, sino una inercia temprana. Creció bajo la sombra aplastante de su hermano André, un genio matemático que leía a Platón en la infancia, y su respuesta frente a esa grandeza intelectual fue el repliegue moral y el autosacrificio. Durante la Primera Guerra Mundial, siendo apenas una niña, dejó de consumir azúcar en solidaridad con los soldados en el frente. Someterse a la inercia mecánica de la fábrica y vaciarse de todo privilegio no fue una etapa biográfica accidental, fue su método estricto de conocimiento. 

miércoles, 15 de abril de 2026

Historia del Arte

Marco Marilungo. History of Art: The Avant - Garde

Realismo: La realidad, un espejo fiel del alma humana, reflejada con pinceladas honestas.

Impresionismo: La luz baila en el lienzo, capturando momentos efímeros de la naturaleza.

Fauvismo: El color desbocado, salvaje y libre, revela la pasión oculta en la realidad aparente.

Art Noveau: La naturaleza y la belleza se entrelazan en una danza fluida de líneas y formas.

Expresionismo: El corazón en llamas, vertiendo emociones crudas en trazos que gritan al mundo.

Cubismo: La realidad descompuesta y recombinada, mostrando múltiples facetas de la verdad.

domingo, 8 de marzo de 2026

Grandes Compositoras III Parte



Hildegarda Von Bingen (1098 – 1179) - Su canto es un eco de la eternidad, un puente sonoro entre el Edén la tierra, los cristales, la medicina, el naturalismo, la filosofía y la mística. En sus notas reside la Symphonia de la creación, donde la luz se convierte en melodía. 

Fanny Mendelssohn (1805 – 1847) - La intimidad de un salón se expande al universo en sus Lieder ohne Worte. Su piano nos confiesa que el verdadero arte nace en el silencio del alma, lejos de los aplausos mundanos. 

Clara Schumann (1819 – 1896) - Su música es la voz de una pasión indomable, donde el virtuosismo se doblega ante la ternura del alma. Ella nos demuestra que la fuerza del espíritu reside en la honestidad de la expresión.

Teresa Carreño (1853 – 1917) - El ímpetu de la Gran Dama del piano se plasma en obras que combinan el fuego latino con la elegancia europea. Su arte es un huracán de notas que demuestra que el virtuosismo tiene patria y corazón. 

Ethel Smyth (1858 – 1944) - Su obra es un estandarte de lucha envuelto en majestuosidad orquestal. Cada acorde es la declaración de un espíritu libre que exige voz, probando que la ópera puede ser un grito de guerra. 

Amy Beach (1867 – 1944) - La sinfonía americana encuentra en ella su primera gran voz, forjada entre la tradición europea y la audacia de un nuevo mundo. Su trabajo es un monumento a la pasión y a la perseverancia en la grandeza. 

viernes, 2 de enero de 2026

Candor in Artificio

Josephine Wall. Dreams Psyche, 2000

De poderosas obsesiones y de olvidos latentes,
tu espectro me devuelve fulgores sin tacto
juegos y promesas irisadas
que de sílabas fugaces y tenues miradas
urdieron la estampa de efímeras presencias,
mas de mí solo emanó la verdad sin doblez.

​Confidente del éter y audaces desvelos,
almas del leteo pugnan por cumplir su designio,
ante el numen prestado en arcanos volátiles
que exaltó pasiones de hondos anhelos y de oscuros secretos.

​Se disuelven en el céfiro, en el velo y la arena estéril,
los hilos del tiempo, y con ellos mi pulso y mi norte,
en la disonancia y el falso reflejo
de sombras y conjuros, se desvanecen uno a uno.

​Desgarrado y violado, en el crisol y la prueba he de ser,
rompiendo los velos y el molde
de trampas y mentiras que fueron prisión.
Escrutinios y visiones que revelan y forjan
una estirpe más fuerte, con sabia ambición.

​Aceptando el abismo, me alzo sobre la herida
de falsas auroras y el eco de escarnios disueltos,
me forjo en sabiduría y olvido el designio de aquel,
intacta mi pureza, que nadie ha de arrebatarme.

​Silente y absorto, la impronta del alma habrá de ser,
y de la opulencia y la deleznable ficción
una nueva grieta producirá tu fría razón,
¡Oh, con voces de ignominia y de mudo dolor!
contemplad este espíritu, erigido en desvelo y presunción.

martes, 2 de diciembre de 2025

S I L E N C I O

Si de la música, su centro ardiente,
una nota asciende, viva y delgada,
hasta ser otra música en la frente,
del corazón del mudo, sin mirada,
brota otro silencio, torre y tormenta.

Sube y nos quita el aire, nos detiene,
mientras crece el vacío que nos tienta.
Ahí caen, al fin, lo que el dolor sostiene:
Nuestras pequeñas mentiras de hoy.
El gran engaño de la fe perdida.
La esperanza que jamás tuvo convoy.
El recuerdo que nos ata a la vida.

Y la voz queda en prisión de la garganta;
queremos ser clamor, y se desvanece.
Desembocamos al Silencio Último,
donde el alma canta y todo grito perece:

Ese silencio mayor, donde nadie puede
ni gritar, ni mentir, ni recordar,
solo ser en el fondo del mudo abismo,
donde el silencio enmudece y se sosiega;
y solo queda la paz que el no-ser profesa.