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lunes, 31 de diciembre de 2018

Diario, Fin de año





Nos hacen falta maestros no solo de vida interior, sino sencillamente de vida, de una vida total, de una existencia digna de ser vivida. Nos hacen falta cartógrafos y testigos del corazón humano, de sus infinitos y arduos caminos, pero también de nuestra cotidianidad, donde todo es y no es extraordinariamente simple. Necesitamos una nueva gramática que concilie en lo concreto los términos que nuestra cultura concibe como irreconciliables: razón y sensibilidad, eficacia y afectos, individualidad y compromiso social, gestión y compasión, espiritualidad y sentidos, eternidad e instante. ¡Deberíamos hacer una mística del instante de los sentidos!

sábado, 1 de septiembre de 2018

De lo Espiritual en el Arte - Kandinsky

Kandisnky. La Vida Colorida, 1907


Toda obra nace de su tiempo y, a la vez, engendra nuestras sensaciones. Pretender resucitar los principios artísticos del pasado solo produce obras muertas: fetos que jamás verán la luz, pues cada época cultural exige un arte propio e irrepetible. Existe, sin embargo, otro tipo de semejanza formal entre distintas eras. Surge cuando un medio moral y espiritual comparte una misma aspiración fundamental: la búsqueda de fines que una vez se persiguieron y luego cayeron en el olvido. Este bello librito nos habla, precisamente, de la necesidad de trascender el materialismo en la creación artística para conectar con la dimensión interior del ser humano, a la que Kandinski denomina lo espiritual. El autor argumenta que el arte no debe limitarse a la imitación de la naturaleza ni a la búsqueda exclusiva de la belleza formal, sino funcionar como un lenguaje del alma capaz de conmover al espectador a un nivel puramente psíquico y vibratorio.

Tras un largo periodo materialista, el espíritu despierta apenas. Desprovisto de fe, sin rumbo ni horizonte, incuba en su interior la semilla de la desesperación. Despunta una luz tenue, un punto mínimo en una inmensa esfera negra que el espíritu teme mirar de frente, dudando si esa luz es un espejismo y la tiniebla la única realidad. En este umbral, la vida del artista es compleja y sutil. «Llevar luz a las tinieblas del corazón humano: esa es la misión del artista», escribió Schumann, en abierta contraposición a la perspectiva de Tolstói, quien sostenía que el artista era simplemente un hombre que sabía dibujarlo y pintarlo todo. Hoy, la realidad deforma ese propósito: espíritus hambrientos salen del museo tan vacíos como entraron. La multitud deambula por las salas declarando que los cuadros son bellos o grandiosos. Ese estado de esterilidad es el l’art pour l’art. Es la dispersión de las fuerzas del creador en el vacío, el ahogamiento del sonido interior que constituye la esencia misma de la forma y el color.